LAS ORGANIZACIONES DE SOCORRO A HERIDOS Y
 
LA
SANIDAD MILITAR EN LA TERCERA GUERRA CARLISTA
 
(1873-1876)

1.   LA CRUZ ROJA INTERNACIONAL.

En 1859 el médico suizo Jean Henry Dunant se encontraba de viaje por Lombardía (Norte de la actual Italia) y llega a la aldea de Castiglione la tarde del día 24 de junio. En las inmediaciones de la vecina aldea de Solferino los ejércitos franco-sardo y austriaco están librando en esos mismos momentos una terrible batalla.

Jean Henry Dunant
(1.828- 1.910)


Durante esa tarde en la aldea de Castiglione se van refugiando los cerca de 5000 heridos que arroja la batalla. Dunant conmovido por el abandono que éstos sufrían asistió, en
la Iglesia del pueblo, a los heridos de ambos bandos siendo ayudado por las mujeres del lugar. Dunant permanecerá en Castiglione hasta el día 27 que es cuando prosigue su viaje.


En el año 1862 publica “Recuerdos de Solferino” en el cual tras describir la batalla y la posterior situación de los heridos se preguntaba: “¿No se podría, durante un periodo de paz y tranquilidad, fundar sociedades de socorro cuya finalidad sería prestar o hacer que se preste en tiempo de guerra asistencia a los heridos mediante voluntarios dedicados, abnegados y bien calificados para semejante obra?”.

En este libro establece dos ideas fundamentales que darán origen respectivamente a la Cruz Roja y a los Convenios de Ginebra:

1-     La fundación en cada país de Sociedades de Socorro que se deberían preparar en tiempo de paz para actuar en tiempo de guerra constituidas por personal voluntario.

 

2-     La firma por parte de los Estados de una Ley Internacional Convencional que obligue a los combatientes al respeto por los heridos y las Instituciones de Socorro.

Primer Comité Internacional de la Cruz Roja


El libro es traducido a todas las lenguas europeas y leído por las personalidades más influyentes de la época, entre ellos Gustave Moynier presidente de la Sociedad Ginebrina de Utilidad Pública.

 
Moynier presenta estas conclusiones a la Sociedad que preside y crea una comisión de cinco miembros, entre los cuales se encontraba el propio Dunant, que constituyeron el primer Comité Internacional de la Cruz Roja.

 
Este Comité se reunirá por primera vez el 17 de febrero de 1863 y el 25 de agosto de ese mismo año promovió la celebración de una Conferencia Internacional a la cual invitó a todos los estados europeos para estudiar la forma de remediar las enormes carencias que tenían los servicios sanitarios de los Ejércitos.

La Conferencia se celebró del 26 al 29 de octubre de 1863 en Ginebra con delegados de 14 gobiernos además de representantes de 6 organizaciones e incluso personalidades que acudieron a título privado.

En ella se sientan las bases para la creación de la Sociedad Universal de Socorro a Militares Heridos que será el origen de la futura Cruz Roja Internacional. La Cruz Roja Internacional se funda finalmente el 6 de Junio de 1864 y poco después se fueron constituyendo las primeras Sociedades de Socorro Nacionales.

El 8 de agosto de 1864 se celebra en Ginebra una Conferencia Internacional que culmina el día 22 cuando los plenipotenciarios de 12 naciones, entre las cuales se encontraba España,  firmaron el “Convenio para aliviar la suerte que corren los militares heridos en los Ejércitos de Campaña” más conocido como Convenio de Ginebra. Este Primer Convenio de Ginebra se comprometía a:

  • Atender sin distinción alguna a los heridos de guerra tanto amigos como enemigos.
  • Respetar al ser humano, su honor, los derechos de la familia, las costumbres, las convicciones religiosas y la dignidad de la mujer.
  • Autorizar las visitas del Comité Internacional de la Cruz Roja a los campos de prisioneros de guerra y a las personas civiles recluidas, así como efectuar entrevistas sin testigos con los detenidos.
  • Prohibir los tratos inhumanos o degradantes, la toma de rehenes, los exterminios, las torturas, las ejecuciones sumarias, las deportaciones, los saqueos, los actos de violencia, la destrucción injustificada de bienes familiares, etc.

Desde su nacimiento las características propias de la Cruz Roja han sido las siguientes: Humanidad (prestar auxilio sin discriminación), Imparcialidad (no hacer distinción alguna por razón de nacionalidad, raza, religión, condición social ni credo político), Independencia, Carácter Voluntario, Unidad (en cada país solo puede existir una sola Sociedad de Cruz Roja) y Universalidad.

Hospital de la Cruz Roja en la guerra Franco-Prusiana

de 1870

El símbolo de la Cruz Roja, la cruz griega en rojo sobre fondo blanco, es adoptado en este Primer Convenio de Ginebra siendo en la actualidad sinónimo universal de neutralidad y socorro.

Se establece que en caso de guerra
la Cruz Roja actuará, sin perder su personalidad y autonomía propia, como auxiliar de la sanidad militar en campaña ajustando su actuación a los reglamentos y disposiciones que dicten los respectivos Ministerios Militares de los países beligerantes y estando sometidos a las ordenes de dichas Autoridades mientras duren las hostilidades.

La Cruz Roja recibirá su bautismo de fuego en la guerra Austro-Prusiana de 1866 y en la siguiente gran contienda europea, la guerra Franco-Prusiana de 1870, el Comité Internacional de
la Cruz Roja creará la primera Agencia de Información sobre la suerte que han corrido los militares heridos o capturados, cuya misión era proporcionar información a las familias de los combatientes.

Desde el mismo día de su nacimiento el Comité Internacional de
la Cruz Roja se va a convertir en el auténtico motor del desarrollo del Derecho Internacional Humanitario. En 1901 Jean Henry Dunant recibe, como reconocimiento universal a su labor, el Premio Nóbel de la Paz en la primera edición de dichos premios.

2.  
LA CRUZ ROJA ESPAÑOLA.


En 1863 el “Comité de los Cinco” escribe a España solicitando a
la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, más tarde conocida como Orden de Malta, el envío de una delegación oficial a la Conferencia Internacional a celebrar en Ginebra los días 26 al 29 de octubre de aquel año con objeto de fundar en todo el mundo Comités de Socorro a Heridos en el Campo de Batalla.


Nicasio Landa y Alvarez de Carballo 
La Orden de San Juan se pone en contacto con el Ministerio de la Guerra para que éste nombre un representante y, a su vez, designa a un miembro destacado de la Orden como conferenciante. Finalmente acudirán por parte de la Orden Joaquín Agulló, Conde de Ripaldá, y por parte del Ministerio de la Guerra Nicasio Landa y Alvarez de Carballo que era Médico Mayor de Sanidad Militar.

Ambos actuarán de forma conjunta y muy activa en los debates de
la Conferencia y a su regreso informarán a sus respectivas instituciones, constituyéndose la Junta Organizadora de la Asociación Internacional de Socorro a Heridos en Campaña de Mar y Tierra Sección Española que celebrará su primera sesión el 26 de mayo de 1864.

Bandera que empleo la Cruz Roja española en la batalla de Oroquieta.

Puestos de acuerdo el Gobierno y la Junta Organizadora se publica el 6 de Julio de 1864 una Real Orden por la cual la Cruz Roja Española queda definitivamente constituida, apenas un mes después de que se hubiese fundado la Cruz Roja Internacional.

Agulló y Landa, ambos de origen navarro, quisieron que fuese su tierra natal la primera en constituir una Asamblea de Voluntarios y así el 5 de Julio de 1.864, un día antes del nacimiento oficial de la Cruz Roja Española, se funda en Pamplona la Asociación de Voluntarios Navarros de la Cruz Roja Española.

España el 22 de agosto de 1864 se convertirá en la séptima nación del mundo que se adhiera al Convenio de Ginebra.

La Cruz Roja Española efectuará su primer envío de ayuda humanitaria en 1870 para atender a la guerra Franco-Prusiana mientras que su primera actuación directa la realizará en 1872 al comienzo de la segunda Guerra Carlista. 
 

Serán los conocidos en la época como “Camilleros de Landa”, con el propio doctor Nicasio Landa a la cabeza, los que recibirán el bautismo de fuego para nuestra Cruz Roja atendiendo a los heridos de ambos bandos en la batalla de Oroquieta el 4 de mayo de 1872.

 

 
 
Carta circulada de Madrid a Vitoria el 10 de Noviembre de 1.874 dirigida a Don Pedro Ortiz de Zarate, Vicepresidente de la Comisión Provincial de la Cruz Roja. Colección  Mirman. 

Gracias a una carta dirigida el 10 de noviembre de 1874 desde Madrid a D. Pedro Ortiz de Zarate en Vitoria podemos saber que en esa localidad se estableció una Comisión Provincial de la Cruz Roja.

Al estar correctamente franqueada nos hace pensar que
la Cruz Roja careció de franquicia postal durante esta contienda destacando la extraordinaria viñeta que presenta al dorso a modo de cierre.

En 1874 abre sus puertas en Tafalla el primer Hospital de la Cruz Roja Española que estará sito en el Palacio de Guendulaín. Pronto se fundará un segundo hospital en Miranda de Ebro dirigido por Concepción Arenal.

Es importante señalar que Miranda y Tafalla no son dos localidades cualesquiera en el desarrollo de la Tercera Guerra Carlista ya que sus respectivas estaciones de tren se convirtieron en estaciones término de las dos líneas férreas más importantes de la zona: Miranda de Ebro para la Línea del Norte y Tafalla para la Barcelona-Zaragoza-Alsásua.

Ambas fueron fundamentales para el abastecimiento logístico y el movimiento de tropas, por lo cual el Ejército del Norte estableció en ellas Cuarteles Generales y la Cruz Roja sus Hospitales. Vista la ubicación estratégica de estos dos hospitales no sería de extrañar que fuesen los más activos e importantes de esta contienda.



3. 
LA SANIDAD MILITAR EN CAMPAÑA EN

LA SEGUNDA MITAD
DEL SIGLO XIX.


Cuando se constituía un Ejército de Operaciones el Director General de Sanidad elevaba al Ministerio de
la Guerra una propuesta con el personal necesario para atender el servicio sanitario de dicho Ejército en función de la entidad del mismo, del número de Divisiones que lo componen, del tipo de guerra a desarrollar, de la naturaleza del terreno y demás necesidades probables.

Sobre con la marca de franquicia del EMG del Ejército de Operaciones del Norte creado para combatir a los carlistas. A destacar el fechador “manuscrito” de Pamplona (38).
Colección Peñas.

 Para el mando de dicho servicio se nombraba un Jefe de Cuerpo que recibía la denominación de Jefe Superior de Sanidad del Ejército de Operaciones.

Este Jefe Superior de Sanidad debía asesorar y acompañar al General Jefe del Ejército de Operaciones formando parte de su Estado Mayor General (E.M.G).

A su vez eran destinados el número de Médicos Mayores, Primeros Médicos y Médicos de Entrada que correspondiera y su conjunto formaba la Plana Mayor Facultativa de Campaña.

El Servicio de Sanidad Militar en Campaña durante el siglo XIX se dividía en Servicio de Hospitales y Servicio de Brigadas Sanitarias de Socorro. El Servicio de Hospitales era asistido por el personal necesario procedente de la Plana Mayor Facultativa y se establecían dos tipos de Hospitales: Provisionales o de Plaza Fuerte y Ambulantes o de Sangre.



Ejemplo de como era y como se transportaba el  material sanitario correspondiente a un Botiquín del Servicio Militar de Sanidad español del siglo XIX

La Brigada Sanitaria de Socorro tenía por objeto atender a la inmediata curación y asistencia a los heridos que resultasen de las acciones de guerra y para este fin se constituían tres tipos de Botiquines: 

1.- El Botiquín Central de la Brigada Sanitaria que acompañaba al Cuartel General del Ejército de Operaciones y que era asistido por personal de la Plana Mayor Facultativa.

2.- Los Botiquines de División que acompañaban a dichas unidades y también eran asistidos por personal de la Plana Mayor Facultativa.

3.- Los Botiquines de los Cuerpos (Regimiento o Batallón) formados por el personal sanitario correspondiente a la plantilla de dicho Cuerpo. Los camilleros eran soldados destinados en los distintos batallones y formaban parte del Botiquín junto al oficial médico destinado en cada Regimiento.

Siempre que una División o Cuerpo de Ejército se disponía a entrar en batalla los Oficiales Médicos de los Cuerpos, llevando sus respectivos Botiquines, se reunían con el de mayor graduación de la Plana Mayor Facultativa presente que actuaba como jefe y se situaban en el lugar marcado por el General Jefe para constituir el Hospital de Sangre.

Para hacernos una idea de lo rudimentaria que era la Sanidad Militar basta decir que estos médicos que conformaban la Plana Mayor Facultativa cuando se incorporaban al Ejército de Operaciones lo hacían llevando su propia “caja de instrumentos” que se debía presentar acreditando su justo valor y luego si el médico perdía su caja, como consecuencia de los avatares de la contienda, le era abonado su importe “siempre que no hubiese descuido por su parte”.

La “maquinaria” de la Sanidad Militar sólo se ponía en marcha en las grandes batallas donde intervenían al menos unidades tipo División. En las acciones de menor entidad las unidades se tenían que conformar con sus propios botiquines.



Carta enviada a Pedro Tello, miembro del Ejército de Operaciones del Norte que se debía encontrar curando sus heridas en el Depósito de Heridos establecido en el Cuartel de San Benito y que al estar ya curado fue reenviada a San Sebastián, lugar donde estaría destinada su Unidad. Colección Peñas.

Una vez que se rompía el fuego los heridos acudían al conocido como “nicho de heridos” de batallón, ya fuese por su propio pie o transportados por compañeros. En el nicho los heridos eran recogidos por los camilleros asignados al botiquín de esa Unidad que se encargaban de transportarlos hasta el Hospital de Sangre.

Cualquiera puede imaginar el tipo de cirugía que se llevaba a cabo en un hospital que recibe de forma oficial una denominación tan tremenda como es “Hospital de Sangre”. No es por tanto de extrañar el horror y estupor que causó a Dunnant la visión dantesca de los heridos abandonados a su suerte en los campos de Solferino.
 

El sistema de evacuación enseguida se veía desbordado por la afluencia de heridos. Posteriormente y según la gravedad de sus heridas eran evacuados a los Hospitales de Plaza Fuerte más cercanos.

Cualquiera puede imaginar el tipo de cirugía que se llevaba a cabo en un hospital que recibe de forma oficial una denominación tan tremenda como es “Hospital de Sangre”. No es por tanto de extrañar el horror y estupor que causó a Dunnant la visión dantesca de los heridos abandonados a su suerte en los campos de Solferino.

Cuartel de San Benito. Deposito de Heridos durante la 3ª Guerra Carlista. Tarjeta postal de primeros del siglo XX. Colección Peñas.

Durante la tercera Guerra Carlista el Gobierno Liberal organizó la Sanidad de apoyo a su Ejército de Operaciones acorde a lo establecido en sus ordenanzas. Para ello aprovechó la red hospitalaria existente en la zona, ya que las capitales de todas las provincias se mantuvieron fieles al Gobierno de Madrid y era en ellas donde se encontraban los principales hospitales y médicos de la época que se constituyeron en Hospitales de Plaza Fuerte.

Cuando esos heridos tenían que curar sus heridas durante un plazo largo de tiempo eran evacuados a los Depósitos de Heridos, que eran Hospitales de zonas relativamente próximas a la zona en conflicto, pero situadas ya en retaguardia.

En esta guerra, tal y como hemos visto en la carta dirigida a Pedro Tello se estableció al menos un Depósito de Heridos en el Cuartel de San Benito (Valladolid) y lo más probable es que hubiese algún otro por la zona aragonesa.



Carta circulada de Valdepeñas (Ciudad Real) a Tafalla (Navarra) el 8 de septiembre de 1.873. Dirigida a Eldefonso Binuesa, soldado del Ejército de Operaciones del Norte. Colección Peñas.

El Ejército de Operaciones recibió franquicia postal en dos periodos, el primero comprendido entre los meses de mayo y julio de 1872 y el segundo entre el mes de junio de 1874 y el mes de mayo de 1876, si bien se conoce correo circulado con franquicia en fechas anteriores a esta del mes de junio de 1874.

En ambos periodos el personal del Ejército tuvo franquicia para el correo particular que remitía, pero no para el que recibía, que debía venir correctamente franqueado.

Este último tipo de correo es extremadamente raro, al punto de que apenas conozco 8 cartas así circuladas.







4.  LA SANIDAD CARLISTA.

La Sanidad en el bando carlista pasó por enormes dificultades al no conseguir ocupar ninguna capital de provincia y tuvo por tanto que apoyarse en la sanidad rural de los pueblos que iba ocupando. Fue en el entorno de la Iglesia donde el carlismo encontró su mejor aliado para paliar sus grandes penurias sanitarias basándose en las Ordenes
Religiosas, especialmente de monjas, ya que eran ellas las encargadas en el siglo XIX del mantenimiento de los Hospitales y del cuidado de los enfermos en lo que hoy en día se conoce como labores de enfermería.

Su Estado abordó como tema prioritario y urgente la creación de una estructura sanitaria de apoyo a su Ejército y hay que indicar que actúo de forma rápida y brillante ya que al finalizar la guerra había organizado más de 20 hospitales que apoyaban tanto a su Ejército como a la población civil.
Marca de franquicia de LA CARIDAD, la “Cruz Roja carlista”

Al no ser el carlista reconocido como “Estado beligerante” por ningún Gobierno Europeo tuvo dificultades para que la Cruz Roja Internacional pudiera actuar ya que ésta sólo permite la existencia de una Cruz Roja por Nación.

Por eso los hospitales de la Cruz Roja en suelo liberal socorrieron también a los heridos carlistas, pero evidentemente no era lo mismo que hacerlo desde hospitales establecidos en suelo propio. Por todo ello los carlistas promovieron la creación de una asociación que recibió el nombre de “La Caridad” para socorrer a los heridos, tanto propios como ajenos, y encauzar a través de ella el apoyo de la Cruz Roja Internacional y sus voluntarios.

La caridad se fundo en torno al mes de noviembre de 1873 y estableció sus primeras ambulancias en la francesa localidad de Pau donde dispuso de 400 camas. Al frente de esta Asociación Católica para Socorro de Heridos estuvo Doña Margarita, esposa de Carlos VII, en cuyo honor muy posiblemente se pusieran esas dos margaritas que lucen en su emblema y hay que decir que fue una asociación modélica, realmente activa y eficaz que fundó y gestionó un buen número de hospitales.

Carta dirigida por el Batallón de Cazadores del Cid al Encargado de la Correspondencia en Bayona. Ejemplo de carta circulada desde una Unidad del Ejército carlista con franquicia postal.
Colección Peñas.


Además estos hospitales tenían una excelente calidad tal y como atestiguaron al finalizar la contienda los médicos del ejército liberal al poder inspeccionarlos.

Resulta muy llamativa la composición del emblema de “La Caridad” en donde además de las ya citadas margaritas encontramos una Cruz de Malta, emblema de la Orden Hospitalaria que recibe en España el encargo de organizar y sostener nuestra Cruz Roja y por último el Corazón de Jesús “sangrante y coronado de espinas” al cual tan devotos eran los carlistas. Además ese “Asociación Católica para Socorro de Heridos” no puede estar más en consonancia con las denominaciones dadas en la época a las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja.

El documento cuya imagen adjunto, texto de una carta circulada de Leiza a Goizueta el 25 de mayo de 1874 del cual por desgracia no se conserva el sobre que lo contuvo, explica a las mil maravillas el funcionamiento de estos Hospitales creados y sostenidos por La Caridad, asociación hoy en día completamente olvidada a pesar de ser una de las Sociedades de Socorro a Heridos más antigua y especial del Mundo.

Texto de carta circulada de Leiza a Goizueta el 25 de mayo de 1.874. Colección Peñas.
Sírvase remitir para el 27 del corriente cincuenta raciones de pan, carne y vino para los heridos y personal de este santo Hospital de la Caridad fundado por S.M la Reina Dª Margarita de Borbón Q.D.G.

Es cierto que se deja a decisión de los pueblos el que suministren las raciones en sus propias especies o manden un comisionado para entenderse con D. Antonio Nugerte vecino de este pueblo y encargado de suministrarnos las raciones; no obstante observando que el 2º medio es mejor para los pueblos porque no tienen necesidad de andar con bagajes y también para nosotros porque el citado Nugerte se encarga de darnos tan buena calidad como requieren los pobres heridos, lo que no siempre se puede conseguir en los pueblos, se suplica, sin ponerles obligación satisfagan el pedido por el 2º medio.

Dios que a V.M.S.A.S (no se aprecia bien la formula de despedida)

Leiza 25 de mayo en 1.874. El Administrador. Julián Marti (El cual firma).

Nicasio Landa, que en estas fechas era el Inspector General de la Cruz Roja en el Norte, publicó una circular a propósito de la fundación de La Caridad:

“Dejando toda libertad de apreciación a esos nuevos obreros que vienen a trabajar con nosotros a la viña del Señor, les acogemos con gozo… creome obligado a exponeros el punto de vista bajo el cual la Cruz Roja debe mirar ese nuevo medio de practicar el bien. Considero que la asociación La Caridad… reviste en el campo de los carlistas un carácter oficial y que los neutros pueden ver en ella una especie de servicio de sanidad militar… La Caridad viene a llenar un vacío que hasta el presente existía en el servicio de hospitales del ejército carlista, servicio que la Cruz Roja se ha esforzado por subsanar creando y manteniendo ambulancias… en suma la creación de la sociedad La Caridad no cambia ni las atribuciones ni los deberes de la Cruz Roja legalmente establecida en España 10 años hace y la sola reconocida confederada por el Comité Internacional de Ginebra y por las otras naciones”.

A pesar de estas palabras de Landa algunos comités nacionales europeos de la Cruz Roja y muy especialmente el francés mandó recursos a La Caridad por medio de una organización interpuesta llamado Comité de Socorro a los Heridos Españoles.

Este Comité que tuvo sedes en Paris, Londres y Bruselas a primeros de 1875 ya había suministrado recursos a ambos bandos en idénticas proporciones: 31097 francos a los liberales y 30925 francos a los carlistas, si bien a los carlistas nunca se les remitía metálico sino material. La entrega este Comité solía hacerla a los liberales en Santander y a los carlistas en San Juan de Luz (Francia).

Carta circulada con la franquicia del Ejército de Operaciones del Centro al Duque de la Torre, Manuel Serrano, a la sazón Presidente del Gobierno de España. Circulada desde Liria el 2 de febrero de 1874. Una de las primeras fechas conocidas de uso de la franquicia en esta contienda. Colección Peñas.
Un detalle muy significativo se produce durante la campaña de Bilbao cuando La Caridad establece un hospital en Santurce.

Santurce era una  localidad liberal, ante lo cual el general Serrano, General Jefe del Ejercito de Operaciones liberal y Presidente del Gobierno de España, no sólo lo consintió sino que ordenó izar pequeñas banderas con la Cruz Roja en torno al despliegue de dicho Hospital estableciendo que tanto el hospital como los edificios que empleaba como almacenes, el personal sanitario y los heridos fueran considerados como neutrales.

La Caridad recibió franquicia postal para su Correo y hasta la fecha sólo conozco una carta así circulada. Esta carta presenta en rojo la marca de franquicia de la Dirección de Personal, en formato similar a la antes expuesta.

En el aspecto filatélico destaca por ser la última carta carlista conocida, pues está fechada el 28 de febrero de 1876, día en el que oficialmente finalizó la guerra. Una segunda connotación postal muy interesante es intentar establecer la ruta que siguió, pues está fechada en San Juan de Luz, población fronteriza francesa en la zona colindante con Guipúzcoa y dirigida a Bayona, localidad también francesa pero situada en frente de la frontera con Navarra. Ambas estuvieron muy vinculadas durante toda la contienda a la causa carlista.

La circulación de esta carta resulta, hoy por hoy, un misterio al carecer de marcas postales. Considero imposible que pudiera circular por el correo carlista pues tras haber sido su Ejército vencido y su territorio ocupado estaría desmantelado. Si circuló por suelo español sólo pudo hacerlo en manos de un propio que transportase la carta de forma privada, pero con un elevado riesgo personal.

Otra opción es que hubiese sido transportada por el correo francés, pero al hacerlo sin franqueo alguno lo veo muy improbable por mucha simpatía que en San Juan de Luz y por extensión en toda la zona del Pirineo Francés tuviesen por la causa carlista. Por todo ello considero que la opción más factible es que esta carta circulase por suelo francés, pero transportada por un propio.

La carta está redactada por D. Manuel Barrena que firma como Director de Personal de la Caridad y dirigida al General de División y Senador francés Pourcet.

Monsieur le general de división Senateur Pourcet.  
 
Señor General y Senador:
 
Agradézcole con toda la sinceridad y toda la energía de mi alma el mucho bien que ha hecho en estos últimos días a nuestros desgraciados heridos; y de que estoy informado así por las noticias del Señor presidente del comité Mr. Leon, como por lo que he visto con mis propios ojos en Hendaya y Bayona.

Carta circulada desde San Juan de Luz a Bayona el día 28 de febrero de 1876 con la marca de franquicia de la Dirección de Personal de la Caridad. Colección Eduardo Escalada.
Y ruego a U. se digne dar asimismo las gracias en nombre de “La Caridad” y de los heridos a todas las personas, que, obedeciendo a sus órdenes o secundando sus indicaciones nos han ayudado en este asunto.

Vuelve a su puesto el doctor Girad, médico del hospital militar de esa villa; porque cambiada enteramente la faz de la guerra con la disolución del ejército carlista, no ha de haber nuevos combates y han de venir al hospital los médicos de las secciones volantes de ambulancia. Sin esto la generosa bondad de U. y los servicios del doctor Girad nos hubiesen sido de inestimable precio.

De nuevo le dá las gracias y le besa la mano su atento y respetuoso servidor.
Manuel Barrena. Director del personal de “La Caridad”. San Juan de Luz a 28 de febrero.

Gracias a este documento histórico vemos cómo Francia y su servicio médico tuvo compasión del Ejército Carlista y no dudó a la hora de socorrer a los heridos que abandonaban España, así como las estrechas relaciones que mantuvieron con los hospitales carlistas de La Caridad a los cuales incluso le “prestaron” médicos.

También nos sirve este texto para confirmar como la sanidad carlista y muy especialmente La Caridad prestaba asistencia a su Ejército siguiendo las costumbres establecidas en la sanidad militar española pues tal y como explicaba anteriormente se establecían dos tipos de Hospitales: de Plaza Fuerte y Ambulantes o de Sangre.

Ese hospital al cual el Sr. Barrena indica, sin nombrar, que se incorporarán “los médicos de las secciones volantes de ambulancia” es el equivalente a un Hospital de Plaza Fuerte mientras que esas Secciones Volantes de Ambulancia son los también llamados Hospitales de Sangre que marchaban al combate con las Divisiones y Cuerpos de Ejército.

El Ejército Carlista organizó, tal y como ya hemos apuntado, su Sanidad de Campaña siguiendo el modelo del Ejército Español pues no en vano muchos de sus Jefes procedían de unidades regulares del Ejército Isabelino.

 
Carta circulada de Estella a Asua (Vizcaya) dirigida al Médico de la Plana Mayor de Artillería franqueada con el sello carlista de 1 real azul cancelado con el Sol de Estella. Al dorso fechadores de transito de Alsasua y Durango. Colección Peñas.
Por tanto los Batallones y Cuerpos llevarían su propio Botiquín para atender a sus heridos en el campo de batalla y evacuarlos posteriormente a los de las Unidades Superiores que formarían el Hospital de Sangre, en este caso División o más raramente Cuerpo de Ejercito ya que los carlistas no constituyeron ni Regimientos ni Brigadas.

Se acompaña la imagen de una carta dirigida al Oficial Médico de la Plana Mayor de la Artillería Carlista en Asua, pequeña población vizcaína desde la cual los carlistas bombardeaban Bilbao durante el Sitio al que sometieron a ésta localidad entre el 29 de diciembre de 1873 y el 2 de mayo de 1874.

Esta carta se intentó repartir precisamente los días 1 y 2 de mayo, fechas en las cuales el Ejército Liberal entraba en Portugalete y Bilbao respectivamente tras romper el día 30 de abril la línea defensiva carlista de San Pedro de Abanto (Somorrostro).
 

Es un ejemplo excelente de como el Ejército Carlista seguía las Ordenanzas existentes en el Ejército Isabelino dotando a sus Batallones, en este caso una Unidad de Artillería, de su correspondiente Botiquín al frente del cual había un oficial médico, en este caso Don Eduardo Marín.

En el aspecto postal y a la vista de esta carta comprobamos como, si bien los miembros del Ejército carlista recibieron franquicia postal para el correo particular que pudieran  remitir no la tenían para el correo que recibían, el cual debía ir correctamente franqueado. En este aspecto vemos pues como ambos bandos actuaron de idéntica forma al respecto. Hasta el presente tan sólo conozco dos cartas franqueadas con sellos dirigidas a componentes del Ejército Carlista.

Carta circulada el 6 de marzo de 1.875 desde Azpeitia a Tolosa con transito por Villa-Real de Zumarraga. Primera fecha conocida de este sello sobre carta. Colección Peñas.

 

El sistema sanitario carlista debía estar practicamente colapsado pues, como ya he dicho anteriormente, carecía de grandes hospitales al no haber conseguido ocupar ninguna capital de provincia y ser todo su territorio zona de combate permanente, muy especialmente, durante 1873 y la primera mitad de1874.

Esto debió motivar el que en los hospitales carlistas se atendieran las necesidades más perentorias de los heridos en sus primeros momentos y después acortar al máximo la fase de convalecencia para así “liberar camas” y poder atender a los siguientes heridos.

Los heridos, ya en fase de convalecencia, retornarían a sus hogares para restablecerse o bien lo harían en casas de particulares sitas en las localidades donde estuviesen los hospitales.

Existe correo que así lo atestigua como, por ejemplo, la carta cuya imagen acompaño en cuyo texto podemos leer lo siguiente:
 

“Amigo D. José Martín: Miguel continua bien de su convalecencia. Por las noches come con mucho apetito la chutela y hoy a mediodía ha comido además de la ración acostumbrada un huevo que deseaba. Creo que dentro de pocos días principiará ha salir a la calle…”

Desgraciadamente este tema aquí esbozado dispone de un reducidísimo número de piezas que nos permita dar una mayor variedad al trabajo, por lo cual queda abierto en espera de nuevas piezas que nos permitan aportar una mayor luz a este apasionante tema que demuestra como España fue punta de lanza en el nacimiento de las organizaciones en defensa de los derechos humanos, algo que en la actualidad parece tema olvidado por esa triste costumbre española de ignorar nuestra propia Historia.

BUSCANDO CARTAS

Hay cartas que a pesar de tener una apariencia vulgar al final resultan ser pequeñas joyas por elementos secundarios a los cuales, muchas veces, no préstamos la debida atención.

Los factores que de una forma intrínseca atribuyen valor económico a una carta en el periodo filatélico son, de mayor a menor: su franqueo, su matasello, el tipo de tarifa o servicio empleado, su destino, la ruta seguida y su origen.

Es decir, lo mejor que le puede pasar a un coleccionista en el aspecto económico es tener una carta con un franqueo excepcional aunque vaya a un destino vulgar antes que tener una carta con un franqueo vulgar dirigida a un destino extraordinario.

Obviamente esto va un poco en  gustos y como todo en la vida está sujeto a casos extraordinarios que serán excepciones a la norma general.

Fuera de estos factores es poco corriente encontrar elementos que proporcionen a una pieza un valor añadido, pero cuando el coleccionista topa con ellos siente un especial “gustirrinín” porque ha sido capaz de ver lo que los demás no ven y muy especialmente el comercio filatélico que prácticamente sólo valora  los dos primeros factores: franqueo y matasello. El resto nos los dejan a los coleccionistas porque somos los únicos que nos molestamos en estudiar esas otras cosas es, digamos, nuestro trozo de pastel.


Si analizamos el frente de la carta que voy a utilizar a modo de ejemplo vemos que es bastante vulgar. Una carta de porte sencillo dirigida a Vergara  el 24 de septiembre de 1896 franqueada con un sello de 15 céntimos de la emisión del pelón anulado con un fechador octogonal del ambulante Norte que por su mala calidad de estampación no le proporciona demasiado valor añadido.


Al darle la vuelta es cuando podemos empezar a encontrarle algún pequeño valor añadido y no en el fechador de llegada que es un fechador de puente de lo más corriente sino en el curioso formato de sobre que resulta ser: un sobre pequeño, de color crema, satinado con brillo y con una elegante solapa de cierre. Este no es un factor que le añada mucho valor económico, pero si nos permite hacerle un hueco en nuestra colección de historia postal dentro del apartado de formatos de envíos o tipos de sobres empleados en el XIX.


Además al tenerlo en las manos apreciamos que el sobre pesa y eso es debido a que contiene todavía su texto original. Siempre que haya texto conviene leerlo pues en él podemos encontrar algún dato que pueda sernos de utilidad. 

 Despedida de la carta en la que podemos ver los nombres del remitente y destinatario de la carta.



Es por tanto una carta que podemos encontrar en cualquier caja de una feria filatélica o en ebay por un precio entorno a los 6 euros por eso del ambulante, que si no aun valdría menos.


Esto es debido a que las mujeres en el siglo XIX tenían prácticamente prohibido el abrir una cuenta corriente o tener un negocio a su nombre así como el dirigirlo y de ahí que aparezcan los clásicos nombres de “Viuda de …”.

Ya hemos dicho anteriormente que la gran mayoría de las cartas que han llegado hasta nuestros días proceden de archivos comerciales por lo que el número de cartas escritas por mujeres y dirigidas a mujeres resulta bastante escaso.


Esos datos unas veces pueden tener valor postal proporcionándonos la fecha y localidad origen de la misiva, tal y como ocurre  en esta ocasión que sólo podemos conocer su origen por llevarlo escrito en el texto y en otras raras ocasiones nos permiten echar una miradita a como era la vida en tiempos pasados lo cual no deja nunca de tener su gracia.


Por desgracia la gran mayoría de las cartas del siglo XIX que se conservan con texto son cartas comerciales y poca información de interés nos suelen proporcionar más allá de las comentadas de fecha y origen.

Extraemos el texto de nuestra carta y observamos que además de la fecha y origen tenemos ante nosotros una carta de carácter particular que al ver la firma del remitente resulta ser una mujer y la destinataria otra. Aquí tenemos a lo tonto otro pequeño valor añadido pues son bastante escasas las cartas del siglo XIX escritas por mujeres que han llegado hasta nuestros días.

 


En el salón de casa, con calma y al cabo de unos cuantos días,  es cuando rematamos el estudio de la carta antes de empezar a preparar su hoja de álbum.


Remiramos el fechador para confirmar que no pasa de ser un simple octogonal y el sello por si tuviera una pequeña variedad de esas llamadas “moscas”, porque algo más grande ya hemos visto que no tiene, y por último ya sólo nos queda el proceder a la lectura detenida del texto.


Hay muchísimos coleccionistas que no se toman la molestia de leer el contenido de sus cartas y no saben lo que se pierden.


A mi me resulta un precioso “retorno al pasado” que me llena enormemente de satisfacción las pocas veces que encuentras algo de interés.


Leemos el texto y de pronto nos quedamos estupefactos cuando vemos que resulta ser interesantísimo, nos ha tocado sin duda el premio gordo de la tómbola, que es lo que en el fondo es una caja de una filatelia en una exposición o feria. ¡Una tómbola donde nuestros conocimientos, eso si, pueden incrementar nuestras posibilidades!

Resulta que nuestra buena señora le está pidiendo a una amiga 500 reales para prestárselos a una tercera persona, la nodriza Juana, para que pueda pagar la redención del servicio militar de su hijo, lo cual cuesta 6000 reales. Además el maravilloso detalle de enviar un recorte de periódico para que se lo lea Luisa pues casi seguro que la nodriza no sabe leer y vea que no tiene porque apresurarse en el pago. No cabe duda al leer la carta que estamos ante una autentica dama.


No nos queda más remedio que ir volando a nuestro ordenador y buscar en el google información sobre esto de la redención del servicio militar en 1896 y que es lo que ocurría militarmente en ese lejanísimo año.


Descubrimos nuevos datos para nuestra hoja de álbum como que por aquellas fechas estaba en pleno auge la Guerra de Cuba donde nuestros soldados morían más por las enfermedades tropicales que por las balas enemigas y comprendemos la desesperación de esa madre que quiere completar el dinero para evitar la marcha de su hijo y como comprueba que tiene amigas de las de verdad, de esas que están cuando de verdad hacen falta ¡quien tiene un amigo tiene un tesoro! dice el refrán y desde luego estas señoras demuestran su condición de amigas y de señoras.

 

No hay duda,

HEMOS SABIDO INVERTIR

NUESTROS 6 EUROS MUY BIEN


¿Qué más se puede pedir por ese precio?

¡VIVA LA FILATELIA!



De esta forma llegamos a casa encantados con nuestra nueva adquisición, un sobre de formato raro dirigido entre mujeres del siglo XIX, a un precio de 6 euros lo cual nos parece una auténtica ganga y con el ego a tope.

¡Esto del ego es lo mejor! Recibir un choque de autosuficiencia por sólo 6 euros es algo que justifica el gasto en filatelia aunque sólo sea por el ahorro que te supone en visitas al diván del psiquiatra.

Esta colección que a continuación os muestro es desde mi punto de vista una colección ya prácticamente cerrada pues ha alcanzado un punto en el cual está tal y como yo deseaba que estuviese cuando inicié su plan hace unos tres años y el número de piezas de interés que pudiera incorporar a la misma aportando matices nuevos al conjunto es realmente exiguo y además debido a lo limitado de estas colecciones de apenas 16 hojas el introducir nuevas piezas supondría el tener que sacrificar otras y sinceramente creo que no vale la pena explotar más este formato.

El auténtico desafío viene ahora, que intentaré llevar esta colección hasta los 5 cuadros tratando el desarrollo de la Tercera Guerra Carlista en su totalidad.

La vida expositiva con carácter competitivo de esta colección la considero también cerrada tras completar un periplo completo con participaciones a nivel regional, nacional, internacional y mundial.

Con ella me he estrenado en este mundillo y no puedo negar que me ha gustado la experiencia, pues resulta obvio que ante los resultados cosechados no puedo por menos que mostrarme realmente orgulloso de cómo se ha comportado en competición, aunque a última hora es posible que no recibiese los puntos que a mi entender podía merecer pues la versión que muestro en esta exposición virtual es la misma que envié a Málaga y es muy superior en piezas a la remitida a la Exfilna de Alicante.

Creo que a esta colección le ha llegado la hora de disfrutar de la mirada tranquila de los coleccionistas, con tiempo suficiente como para poder leer su texto, sin sentir prisa alguna, algo que en las exposiciones normales es absolutamente imposible y que hace que colecciones de estudio como ésta brillen menos que otras colecciones cuyo fuerte es la belleza formal de sus piezas o sus elevados precios.

Además me encanta que el final de esta colección sea el entorno virtual, único medio en el cual hoy por hoy existe pues esta colección tras la Mundial de Málaga se ha disuelto por el momento y sus piezas han retornado a sus colecciones originales: una de filatelia carlista y la otra de historia postal general.

PALMARES.

-FILACENTRO QUIJOTE 2005: 83 PUNTOS (ORO). PRIMER CLASIFICADO DE LA CATEGORIA DE UN CUADRO.
-EXFILNA ALICANTE 2005: 83 PUNTOS (VERMEIL). PRIMER CLASIFICADO DE LA CATEGORIA DE UN CUADRO.
-ALVOR 2005 1a EXPOSICION PORTUGUESA DE COLECCIONES DE UN CUADRO Y CLASE ABIERTA: 80 PUNTOS (VERMEIL).
-EXPOSICION MUNDIAL DE FILATELIA MALAGA 2006: 78 PUNTOS (PLATA). PRIMER CLASIFICADO DE LAS COLECCIONES ESPAÑOLAS DE UN CUADRO.

Ver la colección


INTRODUCCIÓN.

Al igual que en la evolución humana se considera como “eslabón perdido” a ese homínido que, sin dejar de ser un primate del todo, ya tiene en su cerebro o en su corazón esa chispa de humanidad que le hace
Carta circulada desde “el Campo del Honor” al ayuntamiento de Orbiso (Alava) el 25 de septiembre de 1873 escrita y firmada de puño y letra por el Diputado a Guerra de Álava D. Ignacio de Varona. Circulada antes de que existiese Servicio de Correos carlista alguno. Col. Peñas.
diferente y especial, en la filatelia carlista también debe existir ese “eslabón perdido” que en nuestro caso consistiría en una carta dirigida a una localidad que ya sería carlista sin siquiera haber dejado oficialmente de ser liberal.

Los carlistas iniciaron la contienda a finales del año 1872, pero sus partidas se lanzaron al combate siguiendo los principios guerrilleros sin preocuparse de ocupar localidades mientras no se encontrasen en condiciones de poder defenderlas con ciertas garantías.

Ese momento se producirá a primeros del mes de julio de 1873 cuando esas partidas guerrilleras han ido evolucionando hasta constituir batallones que conforman ya un auténtico ejército carlista que empieza a ocupar localidades, gracias al amplio respaldo popular que tenían en el ámbito rural, sobretodo vizcaínas y navarras que van cayendo en manos carlistas como fruta madura, sin necesidad de librar grandes batallas.

En cuanto una localidad caía en sus manos los órganos del Estado Español eran depuestos y sustituidos por los propios de la Administración Carlista, incluido por supuesto el Correo.

La primera carta carlista conocida está fechada el 1º de agosto de 1873 y está circulada desde “el Campo del Honor” al Ayuntamiento de Apellaniz (Alava). No existía aún un servicio de correos carlista propiamente dicho y las cartas eran transportadas por soldados.

Guipúzcoa fue la primera provincia en establecer un servicio de correos para atender sus propias necesidades. Primero para el correo oficial y algo mas adelante acepto también correo particular.

La primera carta carlista conocida con un matasello propio del correo data del 30 de septiembre de 1873 y está circulada desde la guipuzcoana localidad de Villareal de Zumarraga al Ayuntamiento de Olabarria en la que precisamente se explica la puesta en funcionamiento del servicio de correos para el correo oficial en el interior de la provincia de Guipúzcoa y la primera carta particular es también guipuzcoana y data del 5 de noviembre de 1873 circulando entre Azpeitia y Oñate.

Resulta obvio que fue Guipúzcoa la primera Diputación Carlista que sintió la necesidad de organizar su correo y resulta por tanto natural que la reunión por la que se estableció la creación de un servicio de correos carlista común a las cuatro provincias se celebrase en la guipuzcoana localidad de Vergara el 15 de noviembre de 1873. En esta reunión se decidió el empleo y fabricación de sellos de correos y se estableció como fecha de arranque del servicio el 1º de diciembre.

La primera carta que conozco procedente de una localidad carlista con destino a una localidad no carlista data del 17 de octubre de 1873 y fue transportada de forma privada desde Vergara hasta Vitoria en donde tras franquearla con sellos liberales se echa al correo el día 22 rumbo a Zaragoza. Obsérvese el detalle de que esta carta es incluso anterior a la primera carta privada circulada por el correo específicamente carlista.

Carta circulada desde Villarreal de Zumarraga a Olavaria el 30 de septiembre de 1873.

Ahora bien todas estas cartas no pueden considerarse el “eslabón perdido” que antes citaba pues en todos estos casos las localidades de origen ya eran oficialmente carlistas en las fechas en que se escribieron esas cartas, ya que todas ellas fueron ocupadas a lo largo de los meses de julio y agosto de 1873 en esa primera fase de expansión carlista ya reseñada.

Aun nos falta localizar alguna carta anterior a ese mes de julio que nos permita acotar un poco más cual es ese momento en que ya podemos considerar que empiezan a existir localidades carlistas antes incluso de que fueran ocupadas de-facto por su Ejército. Dicho de otra forma establecer una aproximación sobre cual es ese momento en que podemos empezar a encontrar correo dirigido o procedente de localidades carlistas sin que esa localidad haya dejado siquiera de ser liberal de una forma oficial.

EL DOLOR DE UN PADRE.

A continuación muestro una curiosa carta dirigida el 20 de marzo de 1873 desde Peralta a Goizueta, ambas sitas en Navarra si bien están muy separadas una de la otra al estar la primera en la zona sur de la provincia y la segunda completamente al norte.


Aunque posteriormente nos extenderemos en este punto, resulta conviene indicar que en esta contienda el norte y centro de Navarra será territorio carlista mientras que el sur será liberal.

En aquel año de 1873 y dentro siempre de la organización del correo de la España Liberal el pueblo de Peralta tenía categoría de cartería, mientras que Goizueta no tenía categoría postal alguna.



Como podemos apreciar a simple vista la carta está franqueada con un sello de 10 céntimos de peseta con la efigie del rey Amadeo de Saboya que se corresponde con la tarifa ordinaria para cartas hasta 15 gramos de peso y está cancelado con un matasello oval de Peralta, estampado con tinta de color azul.

Estos curiosos matasellos ovalados fueron remitidos en el mes de enero de 1866 a todas las carterías navarras, y sólo a ellas, lo que hace suponer que fue una iniciativa privada del correo navarro (Historia del correo en Navarra. Luis Maria Marín. Pág. 238).


Peralta remitía su correo a través de la cartería de Marcilla, situada en el Ambulante Sur antes conocido como Tudela-Pamplona. Goizueta, por su parte, retiraba su correo de la estafeta de Santesteban que estaba situada en la línea de Pamplona a Irún.

Esto nos permite establecer la ruta completa que esta carta siguió hasta destino, que es la siguiente:

· De Peralta a Marcilla por medio de peatón.

· En Marcilla coge el Ambulante Sur hasta Pamplona.

· En Pamplona hace cambio y coge la línea en coche de Pamplona a Irún y Baztán hasta Santesteban.

· En Santesteban la recoge el cartero de Goizueta que la termina llevando a destino.

Hasta aquí el aspecto postal de la carta que como vemos es en un principio interesante por el matasellos tipo “Cartería de Navarra” que presenta, ya que es un tipo de matasellos bastante raro.

Ahora bien la presente carta conserva intacto su texto y este resulta ser sencillamente espectacular.


Sr. Alcalde de Goizueta.
Peralta 20 de marzo de 1873.

Muy Sr. Mío: Sin tener el gusto de conocer a Vd. me tomo la libertad de dirigirme a V. para ver si puede satisfacer mi curiosidad.

En el encuentro que tuvo Ollo con las tropas el 24 de enero en Aya quedó herido mi hijo que iba con el primero y acabo de saber que fue llevado a uno de esos pueblos. Agradeceré a V. en el alma me diga si se encuentra ahí para ir inmediatamente a verlo. Se llama Jn (¡Juan?) Cruz Oses y Gambarte y es de edad de 18 a 19 años.

Dispense Vd. esta molestia y mande Vd. con entera franqueza a su AF. Y SS.

Firmado Francisco Oses y Mayayo.


Este texto nos habla de lugares, fechas y nombres propios que nos permiten escarbar un poquito en la Historia: Aya, 24 de enero y Ollo.

Carta dirigida a D. Miguel Soria y López, alférez del regimiento Luchana, que formaba parte de la Columna del Coronel Loma. Sello al dorso porque el Ejército Liberal solo tuvo franquicia para el correo que expedía y no para el que recibía. Colección Peñas.

A finales del mes de enero de 1873 el jefe carlista Ollo tuvo que abandonar Navarra cruzando la Sierra de Loquiz hacia Guipúzcoa al ser perseguido muy estrechamente por las columnas de los Coroneles Primo de Rivera y Loma, que también pasaron a Navarra manteniendo su persecución.

A los carlistas guipuzcoanos, a su vez, les hostigaba el brigadier del Amo con los regimientos Luchana y Constitución cuando se unió a ellos el Capitán General de Guipúzcoa, Mariscal de Campo D. Eulogio González Iscar, que deseaba recabar información sobre el estado de la sublevación sobre el propio terreno.

El día 26 de enero el Mariscal Iscar se topó con los carlistas guipuzcoanos en Iturriotz donde la facción del Cura de Santa Cruz se había establecido fuertemente en defensiva. La vanguardia, formada por compañías del regimiento de la Constitución, chocó contra las líneas carlistas sufriendo numerosas bajas. Como los carlistas aguantaban la posición, al atardecer se establecieron tres columnas de ataque mandadas respectivamente por el Capitán General, Del Amo a la derecha y Urdapilleta, jefe de Migueletes, a la izquierda.

Atacada a la bayoneta la facción carlista se retira hacia Aya dispersa en varios grupos perseguidos por los liberales, que se establecen finalmente en Asteasu a donde llegaron a las siete de la tarde. En esta acción se produjeron bastantes bajas y heridos por parte liberal, entre estos últimos se encontraba el propio Capitán General que tuvo que ser evacuado a Vitoria el día 27 a consecuencia de sus heridas.

Mientras, Ollo alcanza Guipúzcoa el día 26 y el 28 se une a la partida de Antonio Lizarraga, titulado Comandante General de Guipúzcoa, para dirigirse juntos hacia Azpeitia donde atacan a su guarnición. Mientras las columnas liberales que les venían persiguiendo se juntan el día 29 en Oyarzun con la columna del brigadier Fernández.

Esto supone que el 29 de enero se encontraban las principales partidas carlistas guipuzcoanas y navarras combatiendo por separado en un espacio de terreno realmente limitado estando rodeadas por importantes fuerzas liberales.


Al darse cuenta de estos hechos el Capitán General ordena a del Amo y a Fernández dirigirse sobre Aya en donde se encontraba establecido en defensiva el cura de Santa Cruz para caer sobre él desde dos direcciones.

Los brigadieres no pudieron llegar a Aya por el temporal de nieve reinante, pero si lo lograron las columnas móviles de los coroneles Primo de Rivera y Loma que batieron al cura de Santa Cruz causándole numerosas bajas y capturando un buen número de prisioneros, además de armamento y material.

Mientras, Ollo, aprovechando que los liberales se lanzaban contra Santa Cruz, logró escapar por el flanco izquierdo de las columnas liberales pasando primero a Deva y de allí a Elgoibar a donde llega el día 1 de febrero para de seguido cruzar los Montes de Salinas y el puerto de Guereñu y así entrar de nuevo en Navarra libre de perseguidores.

Por su parte las partidas carlistas guipuzcoanas de los curas de Santa Cruz y de Orio, más la partida de Soroeta, tras el combate de Aya alcanzan Deva el 2 de febrero todavía perseguidas si bien ya a la distancia por Primo de Rivera y Loma.

Este relato histórico de los acontecimientos es un resumen extraído del volumen II de la Narración Militar de la Tercera Guerra Carlista, obra de 14 tomos escrito y publicado por el servicio de Estado Mayor del Ejército en 1883, que nos desvela como en Aya se produjeron dos combates casi seguidos entre fuerzas liberales y carlistas.

El primero el día 26 de enero al chocar por sorpresa el Capitán General de Guipúzcoa con la partida de Santa Cruz y la segunda el 30-31 de ese mismo mes cuando Del Amo y Fernández reciben la orden de atacar a Santa Cruz desde dos direcciones, estando también Ollo metido en la zona de combate con sus propios perseguidores, si bien quedando fuera de los combates principales y libre de perseguidores al recibir Fernández la orden de caer sobre Santa Cruz.

Aún así vemos por nuestra carta que tuvo bajas en dichas jornadas, pues entiendo que el padre puede equivocar la fecha del encuentro habida cuenta de lo seguidas que están, pero no en el nombre de la partida carlista en la que se encontraba alistado su hijo habida cuenta que la partida Navarra por excelencia era la de Ollo mientras que en esos momentos las partidas carlista mas importantes de Guipúzcoa eran la del temible Cura de Santa Cruz y la de Lizárraga.

En la carta no hay anotación alguna que nos permita saber si D. Francisco tuvo suerte en sus indagaciones, pero no cabe duda que no debieron ser buenos tiempos para tantos y tantos padres que tuvieron a sus hijos combatiendo en esta terrible guerra civil, que aunque hoy está muy perdida en el recuerdo debemos indicar que fue extraordinariamente dura y tuvo un enorme número de bajas por ambas partes.

EL ESLABÓN PERDIDO.

Peralta siempre estuvo en la parte liberal de la provincia de Navarra, pero Goizueta se encuentra en lo que fue el corazón carlista de Navarra.

De hecho en la Narración Militar antes reseñada se cita que a primeros del mes de julio de 1873 el Ejército Liberal apenas tenía 800 hombres en la zona norte de Navarra centrados en defender Elizondo, Santesteban y Sumbilla mientras que la partidas carlistas contaban en esa mismas zona y fechas con más de 3000 hombres lo cual nos da una clara idea de cómo estaba la situación en ese momento en el Norte de Navarra.

Pero la carta que estamos estudiando nos aporta un dato muy interesante en nuestra búsqueda del “eslabón carlista perdido” y es que su Ejército a primeros de año ya hemos explicado que no había podido ocupar localidades por no poder mantenerlas en fuerza y por tanto no podía tratar adecuadamente a sus heridos, cuando éstos se producían, al llevar una vida guerrillera que les hacía permanecer en continuo movimiento aprovechando las zonas montañosas por lo que no les quedaba otra solución que acercar sus heridos a localidades pequeñas sitas en zonas donde sabían que su población les era absolutamente fiel, como era sin duda el pueblo de Goizueta y eso ya lo sabían en el mes de marzo de 1873 incluso los navarros de a pie que vivían en la zona más liberal tal y como nos demuestra la carta del Sr. Oses.

De hecho considero que cuando Don Francisco Oses decide ponerse en contacto con el Alcalde de Goizueta lo hace en la inteligencia de que no está hablando con una Autoridad de la España Liberal, sino que más bien lo está haciendo con una Autoridad de esa España Carlista que aunque no existe de una forma oficial ya empieza a existir de una forma clandestina.

Es una auténtica lástima que en la carta no haya alguna anotación manuscrita relativa a la suerte del muchacho porque de ser así ya podríamos detener nuestra búsqueda del “eslabón perdido”. Aún así considero que con esta carta ya hemos conseguido acotar bastante ese espacio temporal posible rebajando del mes de julio al mes de marzo su posible existencia.

EL DOLOR DE OTRO PADRE.

Hemos hablado del dolor de ese padre de soldado carlista y no quisiera abandonar este tema sin mostrar el dolor del otro lado de la moneda: el llanto por un soldado liberal.

Para ello os muestro un precioso sobre que, aún sin conservar la carta que contenía en su interior, nos da pistas más que suficientes para saber que era lo que en ella ponía.

Si os fijáis bien podréis apreciar dos detalles fundamentales:

Sobre de luto dirigido desde la Comandancia de artillería del Primer Cuerpo de Ejército del Ejercito Liberal a Jerez de la Frontera. Al dorso fechador de llega del mes de octubre de 1875. Col. Peñas.

1º/ La carta está escrita con un cuidado y letra exquisita propia de un escribano “de los de antes", que incluso trazo a lápiz líneas rectas para no torcerse y que aunque están borradas al observar con detalle la carta se aprecian.

2º/ La carta presenta en todo su contorno una franja de color negro que en la época reflejaba luto.

Es a la vista de estos hechos donde podemos suponer el lado humano de esta misiva.

No cabe duda que D. Manuel Fartabú tenía un hijo combatiendo como artillero en alguna de las unidades del Primer Cuerpo de Ejercito del Ejercito del Norte y de pronto recibe "la carta"… esa carta que ningún padre de militar desea recibir y la abrió con la impaciencia propia de tal situación.

Luego conservó esa carta durante toda su vida como un último recuerdo de ese hijo en una época en que las fotografías eran algo extraordinario.

Vaya desde aquí mi más sincero recuerdo a todos aquellos que en un momento u otro dieron su vida en nuestras tristes y terribles guerras civiles en el deseo ferviente de que nunca más se levanten armas entre españoles.



Julio Peñas Artero
octubre de 2006


Norma Jean Baker Mortenson, nacida en Los Angeles el 1 de junio de 1.926, prefirió pasar a la inmortalidad con el más llamativo y luminoso nombre de Marilyn Monroe.

Actriz de cine y mito erótico de los años 50 fue la protagonista de multitud de películas que fueron enormes éxitos de taquilla, pero que con los años han mantenido fama y popularidad haciendo de Marilyn uno de los mayores mitos del cine mundial y auténtico icono del star-system: Niagara (1953), Los caballeros las prefieren rubias (1953), Como casarse con un millonario (1953), Río sin retorno (1954), Luces de Candilejas (1954), La tentación vive arriba (1955), Bus Stop (1956), Con faldas y a lo loco (1959) y Vidas Rebeldes (1961) entre otras.

Su azarosa vida sentimental con 5 matrimonios fracasados y un sonado lío amoroso con el entonces presidente de los Estados Unidos Jhon Fitzgerald Kennedy fueron poco a poco haciendo de su vida privada un auténtico infierno.

Infierno que culminó la noche del 5 de agosto de 1.962 cuando murió sola en su domicilio tras una ingesta masiva de somníferos en muy extrañas circunstancias que aún hoy están sin esclarecer del todo y que no han hecho otra cosa que acrecentar su fama con ese halo de misterio fatal que tanto gusta al “papel couché”.

Este mes de junio Norma Jean habría cumplido 80 años y la vejez hubiera hecho mella en ella igual que en cualquier otra persona, pero en cambio por Marilyn no pasan los años y está igual de sexy con 80 que cuando tenía 30.

¡¡¡Este es un privilegio reservado tan sólo para unos pocos elegidos y Marylin es sin lugar a dudas uno de ellos!!!.

Fueron millones los hombres de todo el mundo que suspiraron por sus curvas y uno de esos fans se encontraba a finales del año 1953 en Onteniente (Valencia), el cual no dudó en gastarse nada más y nada menos que 4,50 pesetas de las de la época para ponerse en contacto con su ídolo por medio de una preciosa carta circulada por correo aéreo hasta el apartado postal que la estrella tenía en los estudios de la Century Fox en Beverly Hills.

Pero claro no debemos olvidar que ese año fue el del gran lanzamiento a nivel mundial de la Monroe con películas como Niagara, Los caballeros las prefieren rubias o Como casarse con un millonario y nuestro amigo de Onteniente no pudo resistirse a sus encantos.


La carta presenta un franqueo de 0,50 céntimos para el porte de la carta y 4 pesetas para el pago del sobreporte aéreo hasta los Estados Unidos, ambos sellos de la emisión “Franco de perfil con dentado fino” del año 1949 (respectivamente sellos edifil nº 1053 y 1058).



Además resulta cuando menos curioso comprobar como a lo mejor esas joyas que lucía la estrella en sus películas y quien sabe si también en su vida privada no eran siempre tan “espectaculares” como uno piensa y realmente eran “bisutería de primera”, eso si confeccionada en España y más particularmente en Valencia.



Esta carta además del sello de 50 céntimos fue franqueada con un sello de 10 céntimos de la emisión pro-tuberculosos del año 1953 (sello edifil nº 1053) que era innecesario en la correspondencia dirigida al extranjero.

Aunque Marilyn atrajo, por razones obvias, la atención del público masculino, también marcó escuela entre las féminas de la época sobretodo en el mundo anglosajón ya que en la España de los 50, en plena época de la censura tanto en los cines como en la vida diaria, los movimientos, maquillajes y vestidos de la Monroe no creo que se considerasen muy adecuados para lo que entonces se entendía por una “mujer decente” y por tanto impropios de la mujer española de la época.

Aun así tuvo admiradoras en nuestro país en los años 50 tal y como atestigua la carta cuya imagen acompaño dirigida desde Madrid por Rosina Fernández y que presenta un extraño franqueo de 75 céntimos empleando sellos de 25 y 50 céntimos (respectivamente sellos edifil nº 1048 y 1053).

Por último y para satisfacer esa curiosidad que todos los coleccionistas sentimos por saber de donde salen las cartas y cuantas hay os diré que estas tres cartas proceden de un lotecito de 12 que adquirí en marzo de 2004 a un comerciante norteamericano al que conocí a través de ebay.



Este hombre había conseguido una pequeña partida de cartas todas ellas dirigidas a Marilyn Monroe procedentes del archivo de la Century Fox y según me dijo esas 12 eran todas las que tenía dirigidas desde España. En esa partida había además de cartas españolas cartas filipinas que no quise adquirir, aunque si le compré todas las cartas españolas que tenía.

Las doce cartas eran idénticas a las que os muestro de forma que me quedé tres y el resto se dispersaron entre mis amigos que las acogieron con los brazos abiertos.

En fin, no cabe duda que soñar cuesta poco y si estas cartas pueden hacernos volar hasta las inmediaciones de la incomparable Marilyn en cualquiera de sus películas bienvenidas sean, yo me pido estar junto a ella en “La tentación vive arriba”, ya sabéis la película con el más famoso vuelo de faldas de la historia, o en “Cómo casarse con un millonario” y ser yo el millonario, claro.

¿Quién dijo que la Filatelia es aburrida?.

Julio Peñas Artero
junio de 2006