Sobre el autor.

Nací en Valencia en el año 1963, 2 de noviembre, día de difuntos. Soy abogado por vocación, por convicción y por genética y estoy casado con una mujer que además de ser maravillosa y excepcional, es también compañera de profesión. Tengo dos hijos de los que estoy perdidamente enamorado.

Mi mayor pasión es la Historia, en sus múltiples manifestaciones y, como un aspecto más de la misma, la Historia Postal, a la que volví, no sé si por casualidad o porque mi sentimiento por la historia me convertía en tierra abonada para dedicarme a esta modalidad de coleccionismo, lo que tuvo lugar a los cinco años de casado, hace ahora seis.

Además de la Historia y la Filatelia, mis principales aficiones son la lectura, la agricultura y viajar.

He elegido esta foto, tomada en el Cantón de Zug en 1997, porque además de carecer de un buen número de fotografías donde elegir, recoge la relación que tengo con la otra gran pasión de mi vida.

Sobre la colección.

He oído decir que no crees en lo que quieres, sino en lo que puedes, y esa afirmación puede ser perfectamente aplicada al coleccionismo en el sentido de que no eliges tú tu colección, sino que es ella la que te elige.

Y así es cómo, entre casualidades y esfuerzos directamente encaminados, no yo, sino eso que llevamos dentro y que es una especie de fuerza distinta de la razón y también del corazón, pero que tiene mucho de ambos, dirigida por los azares de la vida, me ha ido conduciendo, primero a la Isla de Cuba, y una vez allí, a buscar lo que de español dejamos allí en el 98 y lo que de cubano nos trajimos aquí aquel triste verano finisecular.

Aunque la pasión que siento por la Historia Postal de la Isla mientras fue española, me impide preferir un periodo concreto, el encanto de la marca de correos establecida en 1888 y el hecho de que su uso coincida con un periodo que en España también me interesa especialmente, como es el de La Restauración, fue lo que principalmente me atrajo de ese matasellos.

Después caí en la cuenta de que apenas había referencias sobre el mismo en los libros a los que he tenido acceso y, precisamente por ello, en cualquier charla de sellos, por ejemplo, me resultaba imposible referirme a él con una denominación que mi oyente pudiera advertir a qué matasellos me estaba refiriendo, a menos que el exhibiera un ejemplo del mismo.

Además de su apreciable tamaño con relación a otras marcas postales coetáneas y anteriores, lo que más destaca del Fechador Cubano de 1888 a simple vista es la modernidad de la tipografía utilizada para identificar las poblaciones a cuya oficina postal alude el fechador.

Pero una vez has ido reuniendo ejemplares dispersos, te das cuenta de que lo que de trascendente tiene el conjunto es la cifra que verticalmente figura bajo la denominación de la oficina postal y la fecha, y que, naturalmente, refleja el rango de la oficina, distinguiéndose las principales a las que se les asigna las primeras cifras, de las de inferior categoría a las que se les asigna una numeración correlativa, por consiguiente orden alfabético. Eso, hasta una determinada cifra en la que el orden marcado por la inicial de la oficina vuelve a comenzar, para identificar a las oficinas todavía más pequeñas.

No conozco, a la fecha de esta introducción, ningún manual que recoja la clasificación de las oficinas postales de la Isla de Cuba reflejada en el Fechador de 1888, demarcación postal que tampoco coincide con las que sucesivamente se iban estableciendo en las etapas anteriores.

La absoluta falta de información a la que me he enfrentado ha sido lo que me ha empujado a intentar recapitular, sello a sello, para deducir del conjunto la demarcación que sirvió de modelo o base en ese matasellos, y el verdadero motivo de hacer públicos los avances de esta modesta colección, junto al de dar a conocer este interesante periodo de nuestra Historia Postal, es el de hacer un llamamiento a quienes en colección específica o genérica, estructuradamente o de modo disperso, posean ejemplos que puedan cubrir las amplias lagunas de que adolece este intento de poner orden en el caos en que me introduje aquella vez en que por primera vez me di cuenta de la belleza e importancia de la marca.
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