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- By Rafael Ángel Raya Sánchez
"El Templo"

El Templo significa, el primer lugar, el ideal a realizar (el Templo de Salomón que jamás se dejará de construir), y, también, el local físico en el que se reúne la logia y que debe tener unas características especificas, según el grado y rito en el que se trabaje.
Sellos y carta, que representan diversas edificaciones de “Templos” masónicos en Islandia, Cuba (Gran Templo Nacional Masónico), Honduras (Logia Masónica Igualdad nº l del Oriente de Tegucigalpa), Antigua y Barbuda (Logia Saint John), etc.
En el sobre, un cuño a tinta verde, dice: “La Masonería es una forma activa del pensamiento liberal”. José Marti (Gran Maestro Masón).
Rafael Ángel Raya Sánchez (Centauro)
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- By Rafael Sánchez Díaz (Rafael)
Me toca enviar una imagen para “La imagen de la semana”, en un principio no se me ocurría que podía enviar, las anteriores imágenes mandé franqueos digitales y tampoco era plan repetir.
Y entonces es cuando al revisar las últimas cartas recibidas recupero la que muestro. Una preciosa composición con los tres sellos que contemplan el logo del Club Español de Coleccionistas de Estampillas, club del que formo parte, y que es aprovechada para un intercambio de sobres que conmemoran el noveno aniversario de la fundación del club.
Por un lado el ATM o SVV con valor de 30 ctmos, sello con historia propia al habernos dado (hasta el momento) 6 tiradas con diferencias claras entre ellas. Por otra lado tenemos dos sellos autoadhesivos, emitidos en este año de 2012, ambos para el envío de cartas a Europa, uno con tarifa de 70 céntimos y el otro con tarifa B, preciosos herederos del SVV del 2001 con el que se inició la saga.
Evidentemente, el sello de tarifa B está mal empleado, pero lo bonito es la composición, completando la tarifa para una carta urgente con un FPO, claro y perfecto de la sucursal 14 de Zaragoza.
Por sobres como este merece la pena coleccionar sellos.
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- By Jose Mª García Carreira (Little censor)
Francisco Simó quizás no sabía mucho de números, y menos aun de teoría matemática, pero tenía ojos en la cara. Esto último fue suficiente para ver cómo los aviones chocaban. Y aun estando ciego, habría podido señalar el lugar exacto donde cayó la bomba, porque casi lo hace encima de su barco.
El Dr. Craven sí que sabía matemáticas. Incluso había formulado la teoría de búsqueda bayesiana, que facilitaba el hallazgo de objetos bajo el mar, habiendo tenido éxito ya en ocasiones anteriores. Pero su teoría, para ser efectiva, necesitaba un punto de partida.
Y fue Francisco Simó quien se lo proporcionó. Porque Paco, (desde entonces, “el de la bomba”) había sido testigo aquel día (17 de enero de 1966), mientras faenaba en la costa de Almería, nada menos que de la colisión en pleno vuelo de un superbombardero B-52G y un avión cisterna KC-135 de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, cerca de la localidad de Palomares. Tras el choque, (en el que fallecieron los 4 tripulantes del avión cisterna y 3 de los 7 del bombardero), cuatro bombas atómicas cayeron sobre la costa española. Tres de ellas lo hicieron en tierra, y en menos de 24 horas fueron localizadas. Pero la cuarta cayó al mar, y la cosa no fue tan fácil.
Sobre recuerdo, con matasellos del USS FORT SNELLING, de fecha 27/MAR/1966, en plena campaña de recuperación de la bomba H de Palomares, y firmas autógrafas del comandante del buque y los dos operadores del sumergible DSV ALVIN.
En los meses siguientes, la práctica totalidad de la VI flota norteamericana (más de 20 buques de guerra, varios sumergibles, 150 buceadores, aviones de reconocimiento…), con Paco como asesor, y siguiendo la teoría del Dr. Craven, se dedicó en cuerpo y alma a buscar la bomba (del tipo H, con una inmensa capacidad de destrucción). Hasta que el 17 de marzo de 1966, el sumergible DSV ALVIN, operando desde el buque anfibio USS FORT SNELLING, la localizó a 880 metros de profundidad (posteriormente, se perdería su ubicación durante unos días), y finalmente el 7 de abril, tras ochenta y un días sumidos en la mayor de las incertidumbres, fue sacada a la superficie por el CURV-III (un vehículo especial para recuperar torpedos) y embarcada en el USS CASCADE para ser enviada de vuelta a los EEUU.
Tras el éxito de la búsqueda, a Paco le prometieron muchas cosas, pero a la postre todo quedó en un diploma, alguna que otra recepción en la embajada americana, 7000 dólares de la época y unas cuantas medallas (que no daban derecho a compensación ninguna). A pesar de haber sido su testimonio de incuestionable importancia para recuperar el artefacto, le fue negado, por oscuros motivos, lo que el derecho marítimo internacional reconoce: un porcentaje del valor de lo salvado, que en el caso de la bomba era de unos 100 millones de dólares. Hasta Paco, que entendía más bien poco de números, sabía que con tan sólo el 1 por ciento de aquella suma, podía haber vivido como un general. Pero no fue así, quizás porque él no era general. Sólo un humilde pescador de la costa de Almería.
Francisco Simó, "Paco el de la bomba". El sumergible DSV ALVIN, con algunas modificaciones
posteriores a la campaña de Palomares.
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